Reseña de un ejercicio senso-poético en torno a lo táctil y la intimidad dinamizado por val flores y fer guaglianone en el ciclo sureando el cuerpo en hangar.
Es un recuerdo hermoso de un ejercicio colectivo sobre los afectos, la intimidad y las prácticas de evocación y de memoria vinculadas a un ámbito sensorial tan potente como el tacto. También una reflexión sobre la especificidad del registro y lo fugaz del archivo.
En la invitación ya habían adelantado algunas preguntas:
¿Qué texturas son el soporte afectivo y sensorial de nuestra cotidianeidad? ¿Qué memorias y olvidos portan esas texturas singulares? ¿Cómo esas texturas pueden componer una cartografía afectiva fugaz?
Texturas íntimas/afectos públicos/archivos fugaces de las disidencias.
Teníamos que seleccionar y llevar al taller nuestras texturas. La conversación precisamente giró en torno a su materia y las vivencias, emociones y significados evocados.
Recuerdo que llevé algunas lanas y otros materiales que habían sido de una abuelita llamada Rosa Elvira, que su familia donó -después de su muerte- a nuestro taller costurero Niu de Aranyes en el centro social Can Vies, ubicado en el barrio de Sants, Barcelona.
En nuestro nido textil habíamos ya empezado a averiguar quién era esa anónima mujer. Rosa Elvira había sido cantante de vicetiples en espectáculos de revista en el viejo Paral·lel de Poble Sec y ejecutaba con destreza del tejido con bolillos, entre otras técnicas.
Aquellos materiales y fragmentos de sus trabajos fueron solo un punto entre otras muchas recopilaciones táctiles maravillosas que dieron cuerpo al ejercicio colectivo: fibras, telas, pelucas, la cobertura felpuda de un arnés, el muestrario orgánico de un bosque recorrido a contrapelo de la locura y la fatalidad.

Con los materiales y sus relatos fuimos poco a poco dibujando las múltiples conexiones que surgían entre unas y otras. Recuerdo una: hogar, ese que siempre falta a quien migra. Recuerdo otra: háptica, esa disciplina que estudia la complejidad del tacto.
Las cartografías resultantes -táctiles, textiles y textuales- suscitaron muchas conversaciones, nuevos registros y un archivo recopilatorio de las texturas diagramadas.

Y Rosa Elvira por ahí, ese otro tejido evanescente .


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